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Era un sándwich de colchón: testimonial de una paciente con depresión, ansiedad e insomnio

“Era un sándwich de colchón; no me podía parar de la cama y cuando lo lograba, no me sentía bien en ningún momento.”

No era la primera vez que me sentía así, no era algo nuevo y ya había aprendido a lidiar con las noches interminables de vueltas en la cama, la sorpresiva ansiedad y la severa depresión; a no poder levantarme de la cama y a no sentirme bien cuando lo lograba. Sin embargo, esta vez no se iba, no me dejaba.

Llegué a tomar hasta cuatro antidepresivos y cuatro ansiolíticos, tomaba pastillas para dormir y pastillas para mantenme despierta, pero ningún medicamento me protegió del derrape en coche cuando el mundo se me caía encima y nadie lo notaba.

 

Había perdido la esperanza en recuperarme.

 

A diferencia de otros cuadros similares, éste llegó de la nada. Nada en mi vida estaba mal, tenía un novio amoroso, una familia saludable y un trabajo estable, no había ninguna razón para sentirme como me sentía, por eso la culpa comenzó a arraigarse en mi cabeza; no entendía porqué había caído ahí y porqué nada me curaba.

Me sentía tan mal y era tan difícil conciliar el sueño que las páginas de compras se volvieron mis mejores amigas. No necesitaba nada, pero compraba todo porque quién sabe, quizá un día lo ocuparía. La comida también se volvió mi vicio, tenía que llenarme con algo y eso era lo único que estaba a la mano. Llegué a gastar más de 20 mil pesos al mes.

El martirio comenzó desde mediados de febrero, pero fue hasta finales de año que mi terapeuta me recomendó un nuevo tratamiento de neuromodulación de Health For Better. Me explicó cada detalle y me sonaba lógico, más mi desánimo era tan fuerte que pensé que no iba a funcionar; hasta ese momento nada me había funcionado.

Al final no me importó nada: quería recuperarme, salir de ahí. No importaba la rareza ni la incertidumbre. El miedo a otra vez sentirme así era más grande.

 

El desgaste mental ya no era opción.

 

Llegué y me puse “el gorrito” durante 30 minutos. Sentí un ligero cosquilleo, pero todo lo demás fue comodidad. Pensé que tendría que dejar el medicamento y a mi terapeuta, eso me daba miedo. Sin embargo, no fue así. La neuromodulación, las sesiones psicológicas y el medicamento se complementaban a la perfección; no tuve efectos secundarios más allá del bienestar y una reducción considerable en los gastos que antes tenía, todo a lo largo de tres semanas.

 

Desde la primera sesión el amor comenzó a sentirse en mi cuerpo otra vez.

 

Ahora sólo tomo un cuarto de pastilla de un antidepresivo, pero dejé por completo los ansiolíticos, las pastillas para dormir y para mantenerme despierta.

A partir de ese momento Irasema Vázquez pudo manejar de nuevo sin miedo a tener un accidente, a disfrutar un beso apasionado y la convivencia en familia. A partir de ese momento, recuperé mi vida.

 

Si sufres algún síntoma depresivo o conoces a una persona que padezca este trastorno, comunícate con nosotros y solicita información de nuestro tratamiento no invasivo que puede mejorar no sólo la salud mental sino la calidad de vida. 

 

¡Sí es posible salir de la depresión!

 

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